COMO EXPLICAR ESTA PASION?

MIGUEL MATEOS:
Crónica de una fanática

VALERIA PICONE
1ra. Edición: 2013
Editorial: Editorial Dunken
Prólogo: Sarah Levy
               Miguel Mateos

"Como explicar esta pasión?" es un libro escrito por una persona que no se dedica a escribir pero que sin embargo volcó toda la pasión  que un fan puede sentir por su ídolo, en este caso, Miguel Mateos.

Y cuenta el porqué y el como de su libro de esta manera


“La idea nació accidentalmente, un día después de un recital en Rosario en agosto del 2006, yo estaba intentando convencer a mi marido de ir al día siguiente a verlo a Miguel a Ceres (a 800 km. De Rosario). Tuvimos la posibilidad de saludarlo a Mateos, y luego de agradecerle por el show, yo le pedí que me ayude a convencer a mi marido de ir a Ceres, a lo que él contestó –“¡Mujer! ¿Estás loca?”-. Esa situación me generó ruido, quedó dando vuelta en mi cabeza.

Pasó el tiempo, y estando de vacaciones, sentada en la playa mirando el mar, mi hija jugaba con mi marido en el agua, y ese –“¡Mujer! ¿Estás loca?”-, volvió a mi mente y pensé que quizás Miguel no tenía ni idea de todas las locuras que hacíamos por estar cerca suyo. Sería bueno documentarlas. Pero solo quedó en mis pensamientos.

Las vacaciones terminaron, y un día en el trabajo mientras hacía la cola para almorzar, le comenté a mi amiga Sarah esa ocurrencia que había tenido frente al mar, acerca de escribir las historias de las locuras “mateistas” y ella me animó diciéndome que era una buena idea.
A partir del día siguiente comencé, ya era comienzos del 2008, y cuanto más escribía más historias llegaban a mi cabeza.

Comenzó de una manera caótica, sin orden, sin lógica, casi como mi fanatismo. Disfrutaba tanto al relatar las vivencias, sentía que volvía a revivirlas, me invadían las mismas emociones, por momentos debía detenerme porque las lágrimas no me permitían seguir.
No tenía mucho tiempo para escribir, al trabajo y la familia no quería restarles tiempo, por lo cual comencé a restárselo al descanso. Me levantaba a las 2 de la mañana para escribir, a las 6 me duchaba, llevaba la nena al colegio  y me iba a trabajar.
Luego al medio día le entregaba los capítulos terminados en la madrugada a Sarah, ella es maestra y aprendí mucho de sus correcciones.
Mi otro corrector era mi marido, quien había compartido conmigo muchísimas de esas historias.

El único fin de estos escritos era que Miguel se entere de las cosas que yo, como muchos mateistas más, éramos capaces de hacer. Yo solo quería que él lo lea. Pero los comentarios de Carlos y Sarah me hicieron ir tentando con publicarlo.
Sarah fue la encargada del prólogo.

Todo este proceso duró 2 años y medio, durante ese período quedé embarazada, nació mi hijo, cada vez se me complicaba más encontrar el tiempo para escribir, pero cuando existe pasión el tiempo aparece.
Para las tapas había pensado poner todas las entradas sobre el piso y sacarles una foto, pero mi hermana Silvana, que es la experta en diseño, se tomó el trabajo de generar una hermosa composición para la portada.

El libro estaba terminado, solo faltaba escribir la Trayectoria de los músicos. Pero ya estaba listo para que lo lea mi Ídolo. No sabía cómo entregárselo, pero gracias a un encanto de persona, pude hacerle llegar mi borrador. Coordinamos un encuentro para darselo.
Imprimí en mi impresora el libro, las tapas en una casa de impresión a color, luego lo anillamos.
Mi amiga Sarah, que ya a esa altura estaba jubilada y se dedicaba al arte, me hizo una hermosa caja de madera para realizar esa ansiada entrega. Tan ansiada era, que me enfermé, creo que no soporté la presión, la emoción que eso causaba en mí, así que finalmente mi marido le hizo llegar mi tesoro a mi hada madrina.

 


Luego la espera…

Yo no pensaba publicar este material hasta tener el OK de Miguel. No sabía cómo comportarme en los shows posteriores a la entrega, no quería acercarme mucho para no presionar, pero tampoco podía estar muy lejos!!!

Solo esperé, con mi banquito en la eternidad...

Pero la espera no fue en vano. Después del Visto Bueno del Genio, me contacté con la Editorial Dunken, en la cual podía sacarlo como Autora Independiente, y eso implicaba, que el contenido no se modificaba, eso y la calidad de los trabajos de la Editorial me hicieron elegirla.
En la reunión previa llevé el material que estaba lleno de fotos intercaladas, pero luego de ver el presupuesto de hacerlo todo a color, desistí y concentré las fotos en 16 páginas, y eliminé todas las letras de las canciones de Miguel que iban en el anexos, para que me cierre el valor final.

Solo me quedaba terminar las trayectorias!!!
Me puse en contacto con los músicos para que cada uno me envíe lo que querían que publique en el libro. Esto merece una mención especial, ya que viví hermosos momentos!!! La primera en contestarme fue GraJ!!!! Alan fue el segundo, todo un caballero, y no solo me entregó su reseña, sino que también me ayudó en todo lo que estuvo a su alcance!!!

Cada uno le puso su estilo, Raúl Chevalier me iba pasando por Facebook desde España distintos tramos de su carrera, Oscar Kreimer me pasó un correo muy formal. Ariel Pozzo me remitió a su página. Alan Ballan, no solo me ayudó con su trayectoria, sino que también me generó nexos para seguir persiguiendo y molestando a los que me habían quedado rezagados!!! Luego me envío su resumen Nano, y  finalmente Roly, que si bien tardó, escribió algo muy lindo en primera persona, que me encantó!!!! Valió la pena la espera!!!

Con Julio Lala tuvimos varias charlas telefónicas de las cuales yo sacaba apuntes para resumir su trayectoria, pero en realidad me hubiese encantado grabarlas, porque fue algo realmente hermoso. Por momento nos íbamos por las ramas pero en mi memoria quedará grabada la calidez de cada una de esas conversaciones.

Luego Julio me puso en contacto con el Chino Sanz. Con el Chino nos encontramos en una exposición de Fran Lala, el hijo de Julio, allí comenzamos a hablar y continuamos por teléfono.

Debo reconocer que quedé maravillada de la humildad de todos estos monstruos, cada uno en lo suyo, realmente entendí porque son tan grandes!!!
Como broche de oro, unas palabras de Miguel Mateos para incluir en el libro!!!!
Ya tenía el material completo!!!

Presenté todo en la Editorial, adecuaron el material al formato definitivo, hicimos las últimas revisiones, se portaron de 10 sobre todo Alberto con los textos.

 


Finalmente el jueves 5 de septiembre del 2013, me llamaron para avisarme que estaba lista la impresión y al día siguiente fui a buscarlas junto a mi marido, mi hijo y mi corazón galopante!!!!

N.de la R.:
No vi este libro en librerías, por lo cual si queres comprarlo podes hacerlo en Editorial Dunken -  Ayacucho 357 (entre Corrientes y Sarmiento de CABA)

MI VECINO, EL FLACO (My Neighbor, The Skinny)


PAUL PERRY
 
1ra. Edición: 2014
Editorial: Editorial Dunken
Prólogo: Enrique G. Kryskowski
 
 
Escribe:
SERGIO MARCHI
El primer libro sobre Spinetta publicado tras su muerte es también el más impensado: está escrito en inglés, el Flaco es “The Skinny” y su autor es Paul Perry, un norteamericano hijo de argentinos que se vino a vivir a Villa Urquiza, donde terminó siendo primero vecino, después profesor de inglés y finalmente amigo de Spinetta.
 ¿Cómo es que este profesor de inglés termina convirtiéndose en el autor del primer libro escrito sobre Luis Alberto Spinetta después de su muerte?
 
La historia arranca con Paul Perry y su encuentro casual con un hombre negro y musculoso que paseaba un racimo de cinco perros siberianos. “Nice dogs!”, le dijo Perry, intuyendo correctamente que allí había un compatriota.
El paseador de perros era Geordell, oriundo de Alabama, que se ganaba la vida haciendo changuitas de traducción, lo mismo que Paul, y enseguida conectaron. “Le conté que era profesor de inglés, y me preguntó si quería enseñarles inglés a algunos músicos. El trabajaba en una agencia llamada Booking & Management, que a veces necesitaba algún profesor. De hecho, trabajé un poquito con Dante Spinetta, ayudándolo a mejorar su pronunciación.”
 La verdadera iniciación vendría poco más tarde y nuevamente a través de Geordell.
Un día me llamó y me dijo ‘venite, que estoy acá a la vuelta de tu casa, con un músico amigo’.”
Lo que Paul desconocía es que se trataba de Spinetta, pero eso tampoco habría supuesto algo importante para él, porque no tenía mucha idea de la verdadera dimensión de este hombre que vivía –en un principio– a la vuelta.
“Fui a la casa y ahí es donde empezó el viaje con el Flaco. Hubo buena onda y hablamos siempre en inglés, porque yo me siento más cómodo así; me siento medio torpe hablando en castellano. Me preguntaban en qué idioma soñaba, y yo nunca sueño en castellano, sueño en inglés, y las personas que me hablan en sueños lo hacen en inglés. Cuando me golpeo un dedo o me lastimo digo ‘fuck’. Pero cuando manejo digo ‘la puta madre’, eso sí me sale.”
En el libro, que está escrito como si fuera una libreta de viajes, con anotaciones de urgencia sobre recuerdos vagos y efímeros, Perry abunda en los detalles sobre ese encuentro iniciático, y se refiere a La Diosa Salvaje, nombre del estudio de grabación y hogar de Spinetta, como el “bunker”.
 

My Neighbor, the Skinny es breve, austero y sin demasiadas pretensiones, salvo en la portada ilustrada por Ciruelo (también amigo de Spinetta), el fantástico dibujante que se especializa en dragones, que en esta publicación eligió retratar a un “Luis chamán” como si estuviera pintado sobre una roca.
Tras un breve prólogo de Enrique Kryskowski, que además del glosario de términos porteños traducidos al inglés será lo único que figure en castellano en el texto, Paul Perry arranca de modo cronológico una cadena de anécdotas triviales entre dos vecinos que se inicia en el invierno de 2001, cuando Perry traspasa el umbral de la morada de Spinetta.
El primer interrogante que surge frente a la aparición de este libro es el de su credibilidad.
¿Cuánto de esto será verdad y cuánto fantasía?
Por lo pronto los detalles sobre el lugar donde se desarrolla la mayoría de las acciones, es decir, la casa de Spinetta, son exactos; si bien el texto no pretende revelar demasiada intimidad ni escarba en detalles demasiado personales, los datos coinciden con lo que fue aquel estudio de grabación y vivienda.
El baño con el respaldo del inodoro en forma de guitarra, la cercanía del mismo con la cocina integrada al amplio living, y la presencia constante del aire acondicionado encendido para el correcto mantenimiento de los equipos de grabación.
 
 
Otro punto que coincide con la realidad es la molestia que causaba en La Diosa Salvaje el ruido de la casa de fiestas que había al lado, cuyo volumen perturbaba no pocos momentos de trabajo de Spinetta. “El salón de fiestas de al lado tenía un pelotero –cuenta Perry–; imaginate componer o estar tranquilo con música de pelotero: ‘es la hora, es la hora, es la hora de bailar’. Se fueron, por suerte. Era una incomodidad terrible para Luis, pero cuando había una fiesta no trabajaba.”
La narración más insólita y menos verosímil es lo que Luis (Louie) le cuenta a Paul sobre aquella vez que Almendra tocó con The Rolling Stones en Perú.
El libro dice, textualmente, poniendo las palabras en boca de Spinetta: “Una vez, en 1969, estábamos en Lima, Perú, y los Rolling Stones estaban tocando. Y nosotros estábamos en el mismo hotel (...). La gente decía que era la música del demonio. Eramos muy jóvenes, man, y teníamos esta planta llamada floriapondio (floripondio, en verdad), que hervís y tomás (...). Y nosotros fumamos esta planta con ellos, y Mick dijo ‘esto es bueno, necesitábamos un cambio de lo que conseguimos en Inglaterra’ (...). Cuando estábamos tocando, la cabeza me mataba, tenía un terrible dolor de cabeza”. Suena a viaje de floripondio, pero se puede despejar la maleza y entender esto mejor.
Es verdad que Almendra tocó en Perú, durante febrero de 1969, en el Festival de Ancón, una Mar del Plata peruana, pero no los Stones. Sin embargo, existen registros de la presencia de Mick Jagger, Keith Richards y Anita Pallemberg en Perú, con el plan de conocer Machu Picchu, en marzo de 1969. Por lo tanto, no es tan ilusorio pensar que pueden haber coincidido en el hotel de Lima, escala obligada para ambos contingentes. “El me contó que tocaron con los Rolling Stones –dice Perry–, que estaban con el floripondio, que le hizo doler la cabeza. Pero puede que yo lo haya entendido mal, porque yo tampoco sé si todo lo que me contaba es verdad, porque todo el mundo exagera.”
En My Neighbor, the Skinny, abundan los buenos gestos de Spinetta para con Paul Perry, cuya situación económica siempre fue apretada.
Estos encuentros se incrementaron cuando los Perry se mudaron de la casa a la vuelta de Spinetta, a su nuevo hogar que se encuentra exactamente al lado. Luis Alberto habla en el libro de su pasión por Jimi Hendrix, su orgullo riverplatense, y en un momento cuenta el origen de un dibujo suyo que es definido en el texto como “un retrato donde viste un casco espacial”: “Oh, ése es el Capitán Beto, el personaje de una canción que escribí hace mucho tiempo”. Conmueve la parte en la que Perry relata su peor momento económico, y Luis le ofrece darle dinero, a lo que el autor se rehúsa. Al conocer que en ese momento la dieta magra del escritor constaba de hígado y cebollas, Luis pone sobre la mesa un enorme tupperware repleto de fideos amasados por él mismo, cambiándole el panorama alimentario a Perry.
 “Me doy cuenta de que Luis es una verdadera rock star –aclara Perry–, cuando fui a verlo a un recital en San Isidro y yo estaba sentado en las escaleras del teatro. Entre tema y tema, lo saludo, y él me saluda desde el escenario: ‘Hey, Paul. What’s up, buddy?’, y hubo como un silencio total. Ahí entendí que Luis tenía a toda la gente pendiente. Yo sabía que era músico, pero no que era un músico tan importante.”
Aparentemente, la relación original de maestro de inglés y alumno nunca prosperó. “En realidad, enseñar enseñé muy poco, porque nos hicimos más amigos que otra cosa. Le enseñaba a la primera señora de él. Eramos amigos, man; es como si vos vivieras al lado, así de simple. Con Luis fue una cosa de vecindad, de amistad, nada más. Nos juntábamos, charlábamos; yo me tomaba una birra, él tomaba mate o té. No sé cómo era él de joven, pero era una persona muy tranquila, era raro verlo bebiendo. Pero no era tranquilo hablando: te transmitía mucha energía. Hacía gestos, te miraba, lo que te decía era de verdad, no eran jodas o pavadas. Era gracioso porque hablaba en inglés con un marcado acento italiano.”
En uno de los textos más graciosos, el lector puede enterarse de algunas particularidades del carácter y del humor de Luis Alberto Spinetta. Nada trascendental, pero sí algunos trazos que ayudan a completar el cuadro que cualquier fan tiene sobre él con mayor nitidez.
En el verano de 2004, según Perry, Luis salía a fumar un cigarrillo a la puerta, algunos autos aminoraban la velocidad y le gritaban “¡Maestro!”; al mismo tiempo conversaban sobre un vecino que tenía una vieja camioneta Volkswagen en la que trabajaba todo el tiempo.
“Ese es McLaren –le reveló Spinetta a Paul–, lo llamo así porque piensa que su combi es un Porsche.” Daniel, de la panadería donde Luis solía abastecerse de facturas (a las que llama “half moons”, medialunas, en el texto en inglés), recibió un bautismo de los hijos de Spinetta: “Doctor Octopus”, por la película Spiderman. “Yo lo llamo Bill Evans”, dijo Luis. Paul preguntó por qué: “Porque hace cosas maravillosas con sus manos”.
“Luis tenía esa relación de buen vecino con todos los del barrio, no solamente conmigo –aclara Perry–, pero se ponía nervioso cuando alguien venía de afuera y quería sacarse una foto con él. El libro lo escribí en dos semanas, entre las diez de la noche y la una o las dos de la mañana, cuando se iban a dormir los chicos, tomándome una birra. Escribía lo que me salía, después le hice una edición. Fue un flash, porque reviví momentos muy fuertes; no fue un libro fácil. Hubo inspiración, pero a veces me sentaba en la vereda porque me sentía mal pensando en él; fue una década de amistad, de momentos, de risas, de bajones, de cosas de la vida. Sin embargo, creo que el libro tiene algo cómico, divertido, porque nuestras charlas eran graciosas. Es un viaje hasta gracioso, que tiene un final triste porque él también lo tiene.”
 
 
My Neighbor, the Skinny es un libro insólito por el modo en que está encarado: desde la visión de un vecino de Luis Alberto Spinetta, que hasta pide “disculpas a sus fans por no ser un conocedor de su obra. Tan sólo fui su vecino y amigo. No quiero ofender a nadie, ni creo que el libro ofenda la intimidad de Luis en ningún momento. El libro está escrito para americanos, por eso tiene un glosario; yo no tengo un mango, me encantaría poder editar el libro en castellano, en portugués, pero en verdad no puedo. Si hoy alguien quiere comprar mi libro tiene que ir a Mercado Libre o a Dunken. Yo creo que este libro les va a gustar a los fans, porque les va a dar una mirada de entrecasa sobre el Flaco. Si un fan lee esto, y le gusta, y le llena su vida, ése es el logro. Compartir con amigos, una risa, una lágrima; para eso trabaja un escritor”.
 
 
N de la R.:Hoy el libro fue traducido y editado en español, por la misma editorial que editó el original: Editorial Dunken.
Ambos libros se pueden comprar en la sede de la editorial Ayacucho 357 (entre Corrientes y Sarmiento de CABA)

120 DISCOS...

que deberías escuchar antes de que tus oídos dejen de recibir órdenes del cerebro


 
BOBBY FLORES
 
1ra. Edición: 2014
Editorial: Octubre Editorial
Prólogo: Bobby Flores
 
Dicen que soy aburrido… dicen que soy uno de los tipos que más sabe de discos, dicen cosas de mí como de cualquiera.
No me importan mucho los comentarios, a mí lo único que me importa son mis discos.
Y en este libro hay discos. Los discos que me abrieron la cabeza, que me hicieron un surco más en el cerebro y me agitaron el corazón. Solamente esos, nada menos que esos.

No van a encontrar en estas páginas grandes éxitos, no hay Stones ni Beatles ni Redondos ni IKV.
Tampoco rigor periodístico, ni análisis muy profundos.
No es el momento. 

Lo que sí hay, y en cantidad, es un fervoroso cariño hacia ese objeto cultural hoy en decadencia que fueron los discos de música.
Y muchas ganas de hablar de ellos, que, alguno ya lo sabrá, es uno de mis pasatiempos favoritos.

Como se habrá advertido, el título del libro promete 120 discos, pero…todos sabemos que en el de las 36 estrategias chinas hay muchas más y que en Las mil y una noches, muchas menos, y que ni siquiera los tres mosqueteros eran tres… así que nadie se moleste, pero acá no hay 120 discos, ni en pedo.
 
En todo caso, le quedará a cada uno de ustedes la tarea de completar esta arbitraria lista con su propia selección.
O no, pero ya no es mi problema. ¿Qué sabe nadie?
Au revoir a la muchachada.

VIRUS

MARCELO MOURA
1ra. Edición: 2014
Editorial: Editorial Planeta
Prólogo: Germán Maggiori
 
Al primer show de Virus en Buenos Aires asistieron seis personas.
Al siguiente, cerca de cuarenta. La tercera fecha se llenó y el contagio del boca a boca hizo que en la cuarta la banda explotara. Fueron juzgados con severidad por la crítica.

Acusados por sus colegas de ser frívolos y una “banda de putos”. Aún así, Virus se erigió como una piedra fundamental del Rock Nacional y Federico Moura como un icono indiscutido.

Con Agujero interior, su tercer disco, Virus por fin parecía abandonar esa cierta superficialidad para convertirse en la abanderada de la modernidad por sus líricas, sonidos y performances innovadoras en una escena musical enmarcada por la dictadura. Los siguientes discos, Relax y Locura, completarían el camino hasta Superficies de placer, el último con Federico.

Esta es la bisagra de la banda y también la del libro, cuando hubo un nuevo comienzo: el de sobreponerse a la ausencia y el de Marcelo Moura como cantante.
Sin sujetarse a la cronología, Virus sigue los antojadizos caminos de la memoria para dar cuenta de la historia del grupo.
 

Julio Moura, padre de Federico y de Marcelo, secuestrado por la dictadura militar

 Un recorrido enmarcado por la lente de uno de sus miembros fundadores; un recorte de los distintos elementos que definieron un estilo y una estética, y de los éxitos y fracasos que hicieron que treinta años después de su debut (el mismo día que Marcelo cumplía veinte años) sigamos pensando cómo poner el cuerpo y el bocho en acción.